Lift me… lift me from the ground

Denne gangen må det være på norsk. Her skriver jeg kun på spansk, men akkurat denne post må nok være på norsk.

På vei til jobb i morges, nesten rett før en lang tunnel, begynte denne sangen. Det er lenge siden jeg har hørt den. Noen år kanskje? Og at det skjedde på en kald januar morgen gjøre det så spesielt. Volum var høyt, og alt, absolutt alt virket perfekt.

Minner, fine og gode minner: ” Our years, are years well spent, we may never find out where they went…”

Det er faktisk 10 år siden jeg flyttet til Norge 🙂 , det var januar og det var kaldt, veldig kaldt for jeg landet i Oslo, og når vi hadde reist til Bergen etter en eller to dag, så var det ikke så mye jeg kunne gjøre. Min kjæreste (på den tiden) gikk på universitet og jobbet mens jeg var hjemme og gjøre ikke særlig mye. Jeg snakket ikke norsk, jeg kjente ingen, jeg bodde på samme plass jeg bor nå men kjente ikke et eneste sjel. Og så var dette at jeg gråt hver gang jeg måtte vaske huset for jeg savnet hushjelpen min! He he! Bortskjemt “jenten” fra Lima 🙂 .

Jeg husker godt den ene lyse blå genser og en liten fin hvit jakke som jeg brukte mye på den tiden. Og denne sangen! Det var min kjæreste (nå min mann) som viste meg videoen (hvor hans venninne spilte trekkspillet sammen med Ane Brun og Madrugada).

Jeg tror denne sangen har gjort meg vondt helt siden jeg hørte den for første gang. Den har noe som gjør at jeg føler den i hele kroppen min. Og samme effekten hadde den i morges, pluss at volum var på sin maksimalt og at jeg sang…

Hvordan kan noe så vakkert med bare fine minner kan gjøre vondt?

Så, i kveld har Lille og jeg danset til denne sangen, han i armene mine mens jeg sang tett i det lille søte fjeset hans før han skulle legges.

For 10 år siden hadde jeg ikke tenkt en gang at jeg skulle gjøre noe sånt en dag. På samme plass, den samme måned, bare at det gjør vondt på en annen måte.

 

 

 

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Super mami

El último año he leído mucho acerca de esas super madres que en realidad no existen tal como uno se las imagina. O sea, uno jura que son aquellas que combinan de manera perfecta el trabajo, los hijos, se ven radiantes, son perfectas esposas, amas de casa, todo al mismo tiempo; y todo lo hacen a la perfección.

Parece que no existen, que nos hacen creer que se puede, es otro tema! Y vaya que al tratarlo uno casi muere en el intento.

Claro, vale la aclaración: aquella que hace todo lo mencionado líneas arriba SIN ayuda de una nana y/o empleada! Porque así cualquiera sería una super mami.

Bueno, yo siento que desde anoche a las 20 horas, he sido una super madre! De esas que no me imaginaba que podía ser. El nene se enfermó ya desde el domingo, pero se puso peor el lunes o sea, ayer. Y sencillamente no quería ni podía dormir solo, a lo cual, esta madre de tendencias al apego muy fuertes, no dudó para nada en apagar las luces de la casa, ponerse su pijama, sacar al nene de su cuna y llevárselo a su cama porque, por experiencia, cuando están enfermos y te sienten cerca, duermen mejor.

Ocho y algo de la noche! No recuerdo cuándo ha sido la última vez que me acostara tan temprano. Quizá cuando estaba embarazada precisamente de él! Y que se me cerraban los ojos…

Fue una noche algo pesada, con fiebre alta por momentos, con quiero leche, quiero agua, necesito medicina. Y aún así dormimos bien. Casi un récord para el chiquito éste, no me hizo levantarme sino hasta pasadas las 8 de la mañana. Es decir, 12 horas de descanso. Interrumpidos pero realmente necesarios.

El día ha transcurrido entre ordenar la cocina, tomarle la temperatura, ir a la farmacia, llamar al médico, tomarle la temperatura (lo cual, así sea termómetro digital que mide en la frente, es una batalla), tratar de hacerle comer y beber, ver tele, estar juntos, hacerle dormir, cocinar, medirle la temperatura! Darle la medicina. Almorzar, ah si, también desayunamos… Así hasta que llegó la hora de ir a la clínica infantil y que le den el diagnóstico que más temía: es un virus. Digo, ese diagnóstico no es nada serio pero precisamente, si tan sólo le pudieran dar algo que le cure! Pero no, cuando es un virus sólo el tiempo lo cura 😦

Conducir a casa, verlo que se duerme, pensar ok, hoy lo acuestas más tarde, no hay problema. Intentar darle de comer, ordenar la cocina, dejar absolutamente todo listo para otra mala noche: agua en mi mesa de noche, medicinas para la fiebre en mi mesa de noche, termómetro en mi mesa de noche. Biberones listos en la cocina porque si quiere agua o leche. Inclinarle el colchón para que pueda respirar mejor.

Recién me siento sola ya en el sofá con esa sensación de super poderosa! Haber hecho esto sola, que quizá para muchas es su día a día pero para mi no. Sentir esa impotencia de estar sola, en otro país, que nadie puede estar contigo (el esposo está en el extranjero por viaje de trabajo), tener a mi madre a dos horas en avión de acá pero como ya llega en unos días no tiene sentido hacer tanto escándalo y cambiar su fecha de viaje, no, es que yo puedo sola. A veces, hasta yo misma me impresiono de lo que puedo ser capaz en situaciones como ésta.

Contener mi llanto mientras ingreso a la clínica, tratando de ser fuerte porque tengo miedo de lo que le haya dado a mi niño y porque estoy sola, si, hoy estoy completamente sola y con miedo de que mi pequeño tenga algo serio. Ese miedo que toda madre tiene, ese miedo que sólo otra madre te puede entender que tienes.

Al final hemos ganado. Yo he vencido mi miedo y mi soledad y mi pequeño ya dormido va luchando esa batalla que al final ganará.

 

 

Demolida

Hay melodías que siempre estarán ahí, que siempre me llevarán ahí. Por instinto.

The Heart Ask Pleasure First/The Promise de Michael Nyman, OST The Piano. Instintivamente en cuestión de segundos después de preguntarme qué canción es mi antigua casa, me respondí con esta melodía.

Y al escucharla se me salen las lágrimas. Y al escribir esto también.

Me parece increíble que ese lugar ya no exista. Cada uno de sus rincones se me vienen a la mente. Las paredes de cemento cuando aún no estaban pintadas. Las veces que me raspé al correr pegada a ellas. Las veces que rayaron mi reloj. Las veces que las odié.

Aquellas subidas prohibidas por la escalera principal aún no terminada, en esqueleto de metal. Subiendo casi rebotando. Por años. Y es que por aquella escalera se subía más rápido!

Sus curvas que cuando era niña me hacían creer que estaba en un castillo. Sus rincones perfectos cuando jugábamos a las escondidas.

Ya no existe más. Aunque mis dedos la sientan. Y mis ojos, y mis piernas, y todo mi yo.

Las veces que, parada en la ventana del cuarto de mamá y papá, los esperaba con el temor de que no volvieran en los apagones que vivimos en los años de terror. O aquella vez que Sapi, aún siendo un cachorro, desapareció. Para luego aparecer sentado y llorando en la puerta de la cocina.

Las sombras raras que veíamos mi hermana y yo, que seguíamos subiendo las escaleras. Porque ahí penaron.

No me cuaja en el cerebro que ya no exista más. Que la hayan demolido. Y que yo, fuese la única a la que no se lo contaron. Yo que trato de aprender y de enseñarles a no aferrarse a las cosas, como  una gran amiga siempre me lo recuerda. A mi, me lo contó un amigo hoy. Pero ya todos sabían.

No guardo rencor. No. Mi alma está triste. Las alegrías del día de hoy me las han apagado esta triste noticia.

Y ahora pienso que quizá lo presentí al soñar anoche con ella. Al verla (aunque de otra manera) y estar todos juntos en ella. Una premonición como muchas de las que suelo tener.

Al menos en mi sueño, cerraba por última vez el garaje, con esa puerta que fallaba por épocas y a la cual había que ponerle un candado como seguro extra.

Esa casa que de ladrillos pasó a cemento, y luego de blanca pasó a naranja.

La casa de toda una vida, de mi vida. Hasta que me mudé acá. Ya no está. La han demolido hace un tiempo ya. Y yo, yo recién me entero.

Ya no tengo palabras. Sólo lagrimas y esta melodía que se repite en mi cabeza. Y toda una vida. Toda una vida.

Acuario

Hoy hemos ido de paseo al centro en familia. Me he repetido constantemente, lo que muy sabiamente, le dijo un profesor de foto a una de mis mejores amigas: la fotografía digital hace que tomemos fotos por gusto, hasta demasiado. No son sus palabras textuales pero algo así. Y que hay que ser un poco más estrictos y realmente tomar cuando de verdad vemos algo, entonces hay que estar alertas.

Ha sido difícil. Ha sido difícil no tomar la misma foto de siempre, cliché diría yo, y entrenar al ojo. Como cuando comienzas a correr y te cuesta mucho, igual. No he tomado muchas fotos y, mientras caminábamos, ya iba editando. Borrando lo que no me gustaba, siendo estricta.

Resultado: vine a casa con 6 series de fotos, de las cuales, la única que rescato es ésta.

Sombras en el suelo del acuario de Bergen. Me gusta el reflejo de la luz en el cemento, en las piedras. Tengo otra serie del mismo tema pero, no me gusta, quizá si las vuelvo a ver otro día me anime a subirlas. Por ahora es sólo ésta. A mi me encanta.

De pantuflas!

He conseguido retomar la fotografía los últimos días. No es fácil con un pequeño en casa, al cual me dedico al 100%, pero tampoco es imposible.

Editando las fotos veo, con mucha gracia, dónde es que a mi hijo le encanta estar: pegado a mis pies. Bueno, y a qué bebé no le gusta estar cerca de su madre? Es bastante lógico. Lo gracioso es que en las fotos registro esto y de paso salen mis pantuflas! Quizá el blog deba cambiar de nombre a “Las Pantuflas de Cecilia”. Y por qué no?