Demolida


Hay melodías que siempre estarán ahí, que siempre me llevarán ahí. Por instinto.

The Heart Ask Pleasure First/The Promise de Michael Nyman, OST The Piano. Instintivamente en cuestión de segundos después de preguntarme qué canción es mi antigua casa, me respondí con esta melodía.

Y al escucharla se me salen las lágrimas. Y al escribir esto también.

Me parece increíble que ese lugar ya no exista. Cada uno de sus rincones se me vienen a la mente. Las paredes de cemento cuando aún no estaban pintadas. Las veces que me raspé al correr pegada a ellas. Las veces que rayaron mi reloj. Las veces que las odié.

Aquellas subidas prohibidas por la escalera principal aún no terminada, en esqueleto de metal. Subiendo casi rebotando. Por años. Y es que por aquella escalera se subía más rápido!

Sus curvas que cuando era niña me hacían creer que estaba en un castillo. Sus rincones perfectos cuando jugábamos a las escondidas.

Ya no existe más. Aunque mis dedos la sientan. Y mis ojos, y mis piernas, y todo mi yo.

Las veces que, parada en la ventana del cuarto de mamá y papá, los esperaba con el temor de que no volvieran en los apagones que vivimos en los años de terror. O aquella vez que Sapi, aún siendo un cachorro, desapareció. Para luego aparecer sentado y llorando en la puerta de la cocina.

Las sombras raras que veíamos mi hermana y yo, que seguíamos subiendo las escaleras. Porque ahí penaron.

No me cuaja en el cerebro que ya no exista más. Que la hayan demolido. Y que yo, fuese la única a la que no se lo contaron. Yo que trato de aprender y de enseñarles a no aferrarse a las cosas, como  una gran amiga siempre me lo recuerda. A mi, me lo contó un amigo hoy. Pero ya todos sabían.

No guardo rencor. No. Mi alma está triste. Las alegrías del día de hoy me las han apagado esta triste noticia.

Y ahora pienso que quizá lo presentí al soñar anoche con ella. Al verla (aunque de otra manera) y estar todos juntos en ella. Una premonición como muchas de las que suelo tener.

Al menos en mi sueño, cerraba por última vez el garaje, con esa puerta que fallaba por épocas y a la cual había que ponerle un candado como seguro extra.

Esa casa que de ladrillos pasó a cemento, y luego de blanca pasó a naranja.

La casa de toda una vida, de mi vida. Hasta que me mudé acá. Ya no está. La han demolido hace un tiempo ya. Y yo, yo recién me entero.

Ya no tengo palabras. Sólo lagrimas y esta melodía que se repite en mi cabeza. Y toda una vida. Toda una vida.

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