De Plum Sykes y vivir en el campo


Cada vez que me pongo las botas verdes y salgo hacia el sótano exterior de la casa, siento algo extranho que jamás había sentido y que jamás pensé poder sentir.

Alguna vez han sonhado con vivir en una hacienda, ponerse las botas de cuero marrón, un sombrero, montar su caballo, vivir en el campo?

Yo no.

Y cuando el senhor Bravo me decía mil y una vez que sonhaba con vivir en una hacienda en Perú… yo lo miraba con cara de espanto y bastante escéptica. En una hacienda? En el campo?

Hasta que me he acostumbrado a que no vivo más en la ciudad. A que yo vivo en el campo dónde antes había una hacienda, por decirlo en espanhol, porque en ”narniesco” el término es diferente y el sistema también, y que la familia del senhor Bravo hace más de no se cuántos cientos de anhos era quién poseía éstas tierras.

De pronto emerge dentro de mí una sensación cual senhor feudal. Y sí, me alucino que vivo en mi ”reino”… en mi ”hacienda” en el campo, y aunque yo no tengo caballos, mi vecino sí. Sólo uno, ya viejo, el otro murió el anho pasado y éste de ahora vive su último anho porque también será sacrificado:( .

A lo que voy es a que cada vez que me pongo esas botas verdes cuando voy a ir al sótano externo, o al jardin mojado de mi casa, ok, de NUESTRA casa; me siento cual senhora feudal o cual hacendada y la sensación de ahora es sencillamente de plenitud y felicidad.

Porque quizá fue ésto lo que siempre quise y no lo sabía. Porque quizá viví triste, estresada y renegada antes en una ciudad de sólo cemento. Una ciudad que aún quiero y me gusta pero sólo Dios sabe cuánto más amo la naturaleza.

Y el hecho de que sea nuestro lo hace aún más bello. La casa de la pradera quizá se vuelva algún día en la casa hacienda al estilo ”narniesco”.

Dónde habrá suficiente espacio para la familia y los amigos, para las largas noches de tertulia y cafés o vino tinto. Para las noches de fiesta. Para los días con sol y música quizá de un piano.  O de veranos en el jardín inmenso disfrutando el agradable sol ”narniesco”.

 

El único defecto que le encuentro es que la casa debería estar situada de tal manera que se pueda ver el fiordo unos metros más abajo.

Es increíble cómo puede cambiar uno con los anhos. Y lo que quizá odiaba anhos atrás, es lo que amo y adoro ahora. Porque debo confesar que cuando me mudé de mi ciudad de cemento a ésta casa, me sentía desolada rodeada de ”tanto” bosque. Ahora todo es tan diferente y nadie puede imaginar lo feliz y privilegiada  que me siento de vivir acá mientras el mundo se derrumba, se contamina, mientras nosotros los seres humanos lo destruimos. Pero yo, yo vivo aún en ese estado natural.

Los anhos y el hecho de tanto escuchar a los propios narniescos de lo idílico, agradable, acogedor que es acá en dónde vivo, me han hecho creer que tienen razón y no sólo eso, sino que hasta me siento orgullosa.

Cuán feliz me hizo hoy ir al jardín botánico esta tarde, con la cabeza resaqueada por la noche de juerga anterior, caminar un rato y sentarnos en una de sus bancas. Luego echarme ahí en las piernas del senhor Bravo y sentir el sol que calienta. Casi quedándome dormida pude escuchar un ruido raro y al abrir los ojos pude ver que se trataba de las hojas secas marrones de los árboles que caían cuando el viento soplaba. Verlas caer, marrones, amarillas, secas, volando, con el cielo azul de fondo!

Y cuando suceden cosas de ese tipo, es que le repito al senhor Bravo por enésima vez lo afortunados que somos de vivir acá y que cuántos quisieran estar en nuestro lugar.

No es que tenga algo contra vivir en una ciudad o en el centro, porque para mi las ciudades tienen un encanto especial que yo misma adoro. Y lo que las hace aún más especiales es que ahora vivo en el campo y no me aburre visitarlas. Sino mas bien me fascina recorrer sus calles estrechas, no perfectas, con tiendas tan únicas. Su gente, su ruido…

 

Pero este post not rata de eso…

 

En fin, que cada vez que me pongo esas botas de lluvia verdes de Noa Noa, desgastadas hasta morir porque ahora las he declarado botas de ”campo”, me acuerdo de esa bella foto de Plum Sykes en Vogue en Gloucestershire con un vestido retro y sus botas (*). Y es que aunque yo no tenga ni vaya a tener caballos, me gusta esa idea, a lo Plum Sykes… en mi casa de campo!

 

(*) hacer click en las fotos

 

 

 

 

 

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